Sin pan y sin trabajo, 1894
Acontecimientos en la Argentina 1891-1900- Oposición al Régimen Conservador .
- Se fortalece la Unión Cívica Radical como partido opositor.
- Revueltas y huelgas obreras.
- Descontento social.
- Revolución de 1893 dirigida por la UCR.
- Nace el psicoanálisis.
- Se promulga una Constitución Federal en Brasil.
- Guerra chino-japonesa.
- Primera exhibición de una película cinematográfica.
- Primeras olimpíadas en Atenas.
La Argentina de 1880 ve propagar y multiplicarse los efectos del cambio desencadenado a partir de 1862.
Llevada a cabo la unidad nacional, la burguesía liberal y progresista se propone la organización institucional del país, como medio para alcanzar la transformación económico-social. El modelo a imitar son los países europeos de amplio desarrollo industrial, garantía de modernidad y éxito que, a su vez, avizoran las innumerables ventajas ofrecidas por esta nación que comienza a abrirse a los mercados extranjeros. Desde el gobierno se fomenta la inmigración.
Entre tanto, el crecimiento agropecuario, producto de las innovaciones en economía rural, determina la apertura de las exportaciones. Se instalan industrias a gran escala de carácter moderno, tales como los frigoríficos y los ferrocarriles, e industrias menores, en manos de capitales extranjeros.
Crecimiento poblacional, acrecentamiento de la producción agrícola-ganadera, transformación tecnológica; Argentina crece guiada por el ideal europeo.
Sin embargo, el país se endeuda cada vez más. La inestabilidad monetaria, producto de los gastos fiscales, provoca un crecimiento inflacionario acompañado de la caída de los salarios. La distribución de la riqueza queda en manos de unos pocos. Las condiciones del trabajador, en el campo y la ciudad, asumen las características de una verdadera explotación: largas jornadas laborales en condiciones insalubres, y desempleo.
La reacción a este estado de la situación no se deja esperar. Los grupos de inmigrantes comienzan a tener peso político. Obreros calificados, de extracción socialista o anarquista, organizan asociaciones obreras, sindicatos, promueven huelgas; todos factores de tensión, desconocidos hasta entonces en los centros urbanos del país.
Hacia 1890, con la politización de la clase obrera, en su mayoría extranjeros, va creciendo un sentimiento xenófobo entre la clase dirigente. Este sentimiento encontró expresión en el arte, dando origen a una nueva actitud de la que participan algunos de los artistas. De acuerdo con el oficialismo, comienza a reivindicarse la figura del gaucho, del indio; en fin, la tradición nacional.
La generación del ochenta, a tono con el nuevo proyecto de país, intenta revitalizar y dar un marco institucional a la actividad artística, en el cual conjugan tendencias y concepciones lingüísticas diversas. Y, de acuerdo con aquel proyecto, participa del fenómeno de europeísmo como única salida para alcanzar la “modernización”.
Generación del ochenta, generación de los educadores, generación de los organizadores. Cada una de estas denominaciones señala los diversos aspectos que conforman el período.
Los artistas reciben las primeras nociones en la Academia Libre, a cargo del artista italiano Francesco Romero. Luego, becados por el gobierno nacional, en Italia o en Francia, asisten a los talleres de maestros que participan de la estética académica, del eclecticismo o del verismo. De regreso a Buenos Aires, pintores como Eduardo Sívori, Ernesto de la Cárcova, Ángel della Valle, Reinaldo Giúdici, Pío Collivadino y Eduardo Schiaffino, entre otros, traen consigo nuevos temas e innovaciones del lenguaje formal que impactan en el ámbito local.
Por otra parte, se proponen organizar, promover y, como consecuencia, acrecentar la actividad artística del país.
En este período se crean las primeras instituciones. La enseñanza queda asegurada mediante la fundación de la Academia Libre (1878), nacionalizada en 1905. Había sido creada en el marco de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes que, desde sus comienzos en 1876, se propuso difundir e impulsar la actividad artística. El contacto del público con la obra de arte se intenta estimular mediante la acción del Ateneo (1893), cuyas exposiciones constituyen las primeras presentaciones colectivas de artistas argentinos, y con la creación del Museo Nacional de Bellas Artes (1895).
Llevada a cabo la unidad nacional, la burguesía liberal y progresista se propone la organización institucional del país, como medio para alcanzar la transformación económico-social. El modelo a imitar son los países europeos de amplio desarrollo industrial, garantía de modernidad y éxito que, a su vez, avizoran las innumerables ventajas ofrecidas por esta nación que comienza a abrirse a los mercados extranjeros. Desde el gobierno se fomenta la inmigración.
Entre tanto, el crecimiento agropecuario, producto de las innovaciones en economía rural, determina la apertura de las exportaciones. Se instalan industrias a gran escala de carácter moderno, tales como los frigoríficos y los ferrocarriles, e industrias menores, en manos de capitales extranjeros.
Crecimiento poblacional, acrecentamiento de la producción agrícola-ganadera, transformación tecnológica; Argentina crece guiada por el ideal europeo.
Sin embargo, el país se endeuda cada vez más. La inestabilidad monetaria, producto de los gastos fiscales, provoca un crecimiento inflacionario acompañado de la caída de los salarios. La distribución de la riqueza queda en manos de unos pocos. Las condiciones del trabajador, en el campo y la ciudad, asumen las características de una verdadera explotación: largas jornadas laborales en condiciones insalubres, y desempleo.
La reacción a este estado de la situación no se deja esperar. Los grupos de inmigrantes comienzan a tener peso político. Obreros calificados, de extracción socialista o anarquista, organizan asociaciones obreras, sindicatos, promueven huelgas; todos factores de tensión, desconocidos hasta entonces en los centros urbanos del país.
Hacia 1890, con la politización de la clase obrera, en su mayoría extranjeros, va creciendo un sentimiento xenófobo entre la clase dirigente. Este sentimiento encontró expresión en el arte, dando origen a una nueva actitud de la que participan algunos de los artistas. De acuerdo con el oficialismo, comienza a reivindicarse la figura del gaucho, del indio; en fin, la tradición nacional.
La generación del ochenta, a tono con el nuevo proyecto de país, intenta revitalizar y dar un marco institucional a la actividad artística, en el cual conjugan tendencias y concepciones lingüísticas diversas. Y, de acuerdo con aquel proyecto, participa del fenómeno de europeísmo como única salida para alcanzar la “modernización”.
Generación del ochenta, generación de los educadores, generación de los organizadores. Cada una de estas denominaciones señala los diversos aspectos que conforman el período.
Los artistas reciben las primeras nociones en la Academia Libre, a cargo del artista italiano Francesco Romero. Luego, becados por el gobierno nacional, en Italia o en Francia, asisten a los talleres de maestros que participan de la estética académica, del eclecticismo o del verismo. De regreso a Buenos Aires, pintores como Eduardo Sívori, Ernesto de la Cárcova, Ángel della Valle, Reinaldo Giúdici, Pío Collivadino y Eduardo Schiaffino, entre otros, traen consigo nuevos temas e innovaciones del lenguaje formal que impactan en el ámbito local.
Por otra parte, se proponen organizar, promover y, como consecuencia, acrecentar la actividad artística del país.
En este período se crean las primeras instituciones. La enseñanza queda asegurada mediante la fundación de la Academia Libre (1878), nacionalizada en 1905. Había sido creada en el marco de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes que, desde sus comienzos en 1876, se propuso difundir e impulsar la actividad artística. El contacto del público con la obra de arte se intenta estimular mediante la acción del Ateneo (1893), cuyas exposiciones constituyen las primeras presentaciones colectivas de artistas argentinos, y con la creación del Museo Nacional de Bellas Artes (1895).
Sin pan y sin trabajo, 1894
Óleo sobre tela, 125,5 x 216 cm
Comentario de obra
Ernesto de la Cárcova inicia esta obra durante su estadía en Italia y la finaliza ya en Buenos Aires.
El conflicto social se pone de manifiesto a través de la narración de la historia y los recursos plásticos empleados.
En el interior de la humilde vivienda unos pocos elementos significativos alcanzan para caracterizar la situación. Allí el entrecruzamiento de líneas diagonales y oblicuas estructura la composición: el hombre, la silla y la perspectiva de la mesa marcan un acelerado movimiento hacia la ventana. La mujer, factor de equilibrio, avanza en sentido opuesto acentuando de esta forma la tensión. En el exterior se divisa una atmósfera luminosa donde soldados a caballo reprimen a una muchedumbre en las puertas de las fábricas.
La luz asume un rol decisivo: conduce al espectador en un crescendo luminoso y dramático. Se pone al servicio de la idea principal al enfatizar la mesa vacía, los gestos y las herramientas inmóviles.
El modo de presentar objetos, personajes y actitudes, más que descripción objetiva, es postulado de una idea que apunta a conmover a espectador. El compromiso con la realidad va más allá de lo descriptivo: supone el desarrollo de una acción dramática que explicita el conflicto social.
Ernesto de la Cárcova inicia esta obra durante su estadía en Italia y la finaliza ya en Buenos Aires.
El conflicto social se pone de manifiesto a través de la narración de la historia y los recursos plásticos empleados.
En el interior de la humilde vivienda unos pocos elementos significativos alcanzan para caracterizar la situación. Allí el entrecruzamiento de líneas diagonales y oblicuas estructura la composición: el hombre, la silla y la perspectiva de la mesa marcan un acelerado movimiento hacia la ventana. La mujer, factor de equilibrio, avanza en sentido opuesto acentuando de esta forma la tensión. En el exterior se divisa una atmósfera luminosa donde soldados a caballo reprimen a una muchedumbre en las puertas de las fábricas.
La luz asume un rol decisivo: conduce al espectador en un crescendo luminoso y dramático. Se pone al servicio de la idea principal al enfatizar la mesa vacía, los gestos y las herramientas inmóviles.
El modo de presentar objetos, personajes y actitudes, más que descripción objetiva, es postulado de una idea que apunta a conmover a espectador. El compromiso con la realidad va más allá de lo descriptivo: supone el desarrollo de una acción dramática que explicita el conflicto social.

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